Jueves, 30 de enero de 2003 ARCHIVO   CARTAS AL DIRECTOR   VÍNCULOS

George W. Bush se atraganta con una galleta

El incidente, sin consecuencias para el presidente de EEUU, provocó la firma de un nuevo plan económico

Algarabía, primero, y desilusión, después, fueron las reacciones del personal más allegado a George W. Bush en la Casa Blanca, tras el incidente que pudo provocar la hospitalización del presidente, pero que afortunadamente sólo terminó en un nuevo plan económico.

MANUEL MACHADO | Washington


Colin Powell (derecha) segundos antes de introducir su lengua en la boca del presidente (centro) para acabar con el atraganto.
En lo que los allegados a Bush califican de «acceso de furia contenida», tras su oración diaria, y con el fin de «olvidar los efluvios del güisqui de Minnesotta» el presidente robó a su perro Sharon una galleta y se la introdujo en la boca sin intención de masticarla.

Con el rostro todavía congestionado por el episodio de asfixia que le provocó esta ingestión frustrada, Bush empuñó la pluma y se arrastró por la moqueta dispuesto a firmar los decretos presidenciales que había sobre su mesa.

Sólo la diligencia del secretario de Estado de EEUU, Colin Powell, que despejó con su lengua la garganta obstruida, pudo evitar que el presidente acabara en el hospital, aunque no impidió que el máximo mandatario firmara un nuevo plan económico y un docena de bombardeos y ejecuciones.

Los análistas políticos consultados por este periódico asegurán que el presidente de Estados Unidos cometió el grave error de «combinar dos acciones al mismo tiempo: Comer una galleta y pensar». El resultado, según estas mismas fuentes, fue «un picor extraño en el gólgota de la garganta» que devino en plan de estímulo económico.

«De un parto sin dolor gutural de estas características sólo puede surgir algo así», explican, «Le quitamos el impuesto a los dividendos que pagan las empresas a sus accionistas y establecemos el círculo virtuoso bushiano».

Riqueza y consumo
Los miembros del gabinete presidencial están convencidos de que este plan traerá más dinero, más consumo, más compra de acciones y una subida de la bolsa. «Y otra vez todos ricos, dispuestos de nuevo al toco mocho», señalaron.

El argumento de reactivación económica, que llegará a los mercados con el título de Cuento de la lechera, provocará, según explicó el presidente de la bolsa neoyorquina, Dick Grasso, «el delirio en los parqués de divisas, hundiendo el dólar y, de paso, amenazando con socavar los entresijos de la confianza labrada en los últimos años en los mercados de valores».

Para los analistas macroeconómicos de Washington, Bush va camino de catapultar el déficit público americano «a los alrededores de la sonda Polar One», por lo que han sugerido que una UVI móvil aparque cada día en las cercanías de la Casa Blanca y de la residencia de Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal, que medita su dimisión y retirada a su hogar invernal de Aspen (Colorado, EEUU).

«Lo mejor es su interés por hacernos el bien a todos», explicó la consejera de Seguridad Nacional, Condoleeza Rice.

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