Martes, 12 de noviembre de 2002 ARCHIVO   CARTAS AL DIRECTOR   VÍNCULOS

La CEOE otorga a un mendigo madrileño el premio Espíritu Crítico 2002

El galardón reconoce toda una vida dedicada a la «sumisión empresarial»

El jurado de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) decidió conceder a Arturo Medianilla, un mendigo madrileño, el premio a una vida «seria, responsable y enteramente dedicada a los valores del libre mercado». El galardón, dotado con 43,7 millones de euros, será destinado por la CEOE al fondo de jubilación de presidentes del BSCH.

MIGUEL HERNÁNDEZ | Madrid


El jurado de la CEOE, ayer, concediendo el premio Espíritu Crítico 2002 a Arturo Medianilla.
Arturo Medianilla (Madrid, 1960) es un hombre recto y humilde -«Un amigo de sus amigos», dicen los que le conocen-. El madrileño mantiene un sentido del humor excelente, pese a haber perdido su casa el mes pasado por no poder hacer frente al préstamo hipotecario. Ahora, su voz resuena alegre y socarrona en la alcantarilla en la que se encuentra provisionalmente alojado: «Si no pagas, debes atenerte a las consecuencias. El banco tiene que ganar dinero».

Medianilla perdió su empleo de auxiliar administrativo en Seat hace dos meses, justo diez años después de que el Gobierno decidiera privatizar la empresa «para hacerla más competitiva», según comentó por aquel entonces el titular socialista de la cartera de Economía.

«La situación era insostenible», comenta Medianilla, «La empresa ganaba dinero, pero los directivos aseguraban, con razón, que las nóminas eran una sangría para la empresa. El EBITDA rechinaba».

La lógica aplastante de este hombre sencillo hace reflexionar a todos los que tienen la oportunidad de conversar con él. «No nos engañemos», dice el indigente, «El objetivo de una empresa es conseguir beneficios. Sólo así puede mantenerse la riqueza y la variedad del ecosistema económico».

Galardones
Sobre las paredes mugrientas de la alcantarilla que le sirve de hogar improvisado relucen algunos de los premios cosechados a lo largo de sus 20 años de carrera: Galardón máximo de la Cámara de Comercio, Mención honorífica de la CEOE, Premio especial del Instituto de Empresa...

«Ningún reconocimiento hace perder a Medianilla esa humildad que sólo atesoran los grandes», asegura Jaime López-Centenera y Pi, antiguo jefe de Medianilla en Seat, desde su residencia actual en un lujoso barrio de Los Angeles.

López-Centenera conoce bien a su antiguo subordinado. Él mismo lo contrató, él mismo lo despidió y él mismo huyó con los beneficios obtenidos por la salida a Bolsa del fondo de pensiones de la compañía.

«Cuando dijimos que llevaríamos a Bolsa las pensiones, los sindicatos se echaron las manos a la cabeza», afirma el millonario financiero, «pero Medianilla estuvo a la altura de las circunstancias».

El auxiliar administrativo, siguiendo las instrucciones de su jefe, consiguió reventar el comité de empresa y hacer entender a sus compañeros que los nuevos tiempos requieren nuevas soluciones, y ninguna de ellas pasaba por la unión de los trabajadores. Todo un ejemplo de sobriedad y buen tino, como los hechos demostraron después, cuando la plantilla terminó en la calle.

Un hombre del siglo XXI
«Es un hombre entero, recto, sencillo y dócil», comenta el presidente de la Cámara de Comercio de Madrid, Fernando Fernández Tapias, Fefé, «No cabe duda de que nos encontramos ante un adalid del pensamiento crítico del siglo XXI».

Al conocer la situación que actualmente atraviesa Medianilla, Fernández Tapias se muestra desolado. Pero el presidente de la Cámara reacciona rápido y descuelga el teléfono, para dar instrucciones precisas a su secretaria. El milagro está a punto de suceder.

Media hora después, unos vigilentes jurados desalojan a Medianilla de su precario hogar. El caos provocado por las porras y los perros no impide al indigente pensar con frialdad y comprender la decisión de Fefé. «Es lógico», asegura Medianilla, «No pueden permitir que los mendigos se cuelen así como así en el primer sitio que vean. No es competitivo».

Medianilla se aleja renqueante por la ribera de un río contaminado, decidido a morir bajo cualquier neumático abandonado. «Las cosas son así. El sistema es así. El mercado es así», susurra el indigente.

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